1998. Un hombre solitario se encuentra en un café de mala muerte.
El hombre se llama Donald Gelman. Se ve tenso, incluso, podría decirse que enfermo. Escribe apresuradamente en un extraño portátil (casi seguro que un buen mac de la época). En cosa de minutos muere en medio de una intensa balacera, la cual luego sabremos fue orquestada por una inteligencia artificial que, el mismo, llevaba los últimos años de su vida desarrollando.
Así comienza el episodio titulado “kill switch”(1998) de la serie estadounidense xfiles. Kill switch es una vieja historia maquillada con, lo que para la época, era nueva tecnología. Por supuesto, la tecnología retratada data de finales de los 90’, pero el tratamiento del asunto tecnológico viene inspirado a la vieja usanza: herencia directa
de la visión decadente y pesimista que el explosivo desarrollo de la cibernética inspiró, en parte, al maestro del cyberpunk; William Gibson, escritor principal del episodio.
Uno de los aspectos importantes de la trama del episodio es el siguiente: una inteligencia artificial con matices de omnipresencia se encuentra viviendo salvajemente a lo largo de la red, en busca de un aspecto elemental para todo ser viviente: la propia sobrevivencia.
La amenaza para la sobrevivencia de aquella inteligencia se encuentra en dos frentes: el primero, que operará desde el cyberespacio, representado por un virus creado por Gelman, el cual se encuentra en un CD-rom. Tangible en cuanto al soporte, pero intangible en términos de su capacidad de destrucción, la cual solo opera en un plano simbólico-digital, que parece establecer una trasmutación de la psicología humana llevada al plano virtual: un virus de ordenador, el cual no es más que lenguaje de
programación operando en un artefacto lógico, puede destruir completamente a la inteligencia artificial, extinguiéndola en su propia ley: algo bastante similar a como las estructuras del lenguaje humano pueden causar profundo daño psicológico si son utilizadas con fines maliciosos en otros seres humanos.
El segundo frente de amenaza que enfrenta la inteligencia artificial expuesta por Gibson en kill switch opera desde un plano físico: para sobrevivir en la red, la inteligencia artificial necesita una base. Un entorno material seguro en el que poder establecer conexiones con el mundo real, el cual toma la forma de una vieja casa rodante, cuyo interior se encuentra atestado, presumiblemente, de hardware de punta e interfaces neuronales, sujetas a una conexión de fibra óptica que actúa como portal de enlace entre el plano físico y el plano virtual o intangible.
Demás está decir que esta base-cuerpo es el punto más débil de aquella inteligencia artificial, demasiado humana en este aspecto, en tanto cualquier daño a los órganos electrónicos de ese cuerpo representan un potencial y severo peligro de deceso.
El eslabón más débil para un ser viviente (sea éste humano o digital) sigue siendo el plano físico para el cyberpunk de Gibson, lo cual no deja de ser llamativo en tanto puede representar una proyección de las propias inseguridades humanas.
Otro aspecto llamativo de este episodio y quizás central para efectos de este artículo se encuentra en que, como los lectores más avezados de Gibson saben, el autor estadounidense había escrito, hasta ese entonces, durante muchos años acerca de la interacción de las inteligencias humanas y artificiales. Aquella noción de las dos especies fusionadas en el cyberespacio era algo que llevaba largo tiempo flotando entre
los círculos cyber-futuristas de la década de los 90.
Esta simbiosis entre la inteligencia humana y el espacio de lo cibernético, está desarrollada por Gibson mediante el personaje de Esther Nairn, en kill switch.
Estéticamente, Esther es un cruce entre el más purista arquetipo cyberpunk ochentero y un miembro de la alienada y extremadamente repelente al sol subespecie de la generación Y: el movimiento gótico.
Quizás, la característica más atractiva de Esther es que es una “Console cowgirl”, es decir, una hacker de la más alta categoría en el universo cyberpunk de Gibson.
Este tipo de hackers tiene una capacidad extraordinaria e innata para navegar el cyberespacio y penetrar en sus más ínfimos rincones (no olvidar que el término fue acuñado por el mismísimo Gibson). Usualmente, en las novelas de Gibson los consolecowboys realizan trabajos para el bajo mundo, robando datos o información valiosa para venderla al mejor postor.
El caso de Esther Nairn es superior en todo sentido; es la culminación del arquetipo del console cowboy. En kill switch vemos a Esther buscar la catarsis cibernética total, el nirvana de los adictos al cyberespacio y quizás la finalización del proyecto transhumanista, esto es, la subida de la propia conciencia al cyberespacio: el logro de la trascendencia digital, la superación de la barrera física del ADN y su transformación en unidades de información autorreplicables en el plano de la world wide web.
La búsqueda de Esther por el logro de la proeza final de los console cowboys es el acto de redención de todos los delitos de quienes la precedieron en el cyberespacio. Su motivación es absolutamente limpia: busca la trascendencia fundada en un acto de amor. Está dispuesta a dar su existencia física a cambio de volverse una sola con la persona que ama: “Imagina estar unido tan completamente con otro que ya no necesites tu propio cuerpo físico, eres uno”. Lo anterior nos hace pensar en Esther
Nairn como la elegida, la última de los primeros cyberpunks.
Probablemente en 1998 la idea de la subida de la conciencia a la red era no era más que ciencia ficción alocada y, quizás, el anhelo final de unos pocos. Hoy en día vivimos el estado embrionario de la fase de subida: el ensayo y error de las primeras secuencias de comandos en la consola y la reconfiguración de la sintaxis. Los simulacros de las primeras operaciones transaccionales entre servidores y clientes, además del despliegue de una nueva superficie. Elon Musk y Neuralink son solo el principio de la materialización de un proceso mucho más largo, que ha estado
ocurriendo casi sin que la masa lo advierta, hasta ahora. Veamos algunas
consideraciones al respecto.
Continua en la próxima entrada.